miércoles 01 de abril de 2020 - Edición Nº483

Noticias | 21 feb 2020

Fiesta de la Virgen de Lourdes: Mons. Fernández reflexionó acerca del sentido espiritual del agua


Hoy martes 11 de febrero, en el marco del Año mariano, el Arzobispo Víctor Manuel Fernández presidió la Eucaristía en la parroquia de Ntra. Sra de Lourdes de La Plata y reflexionó acerca del sentido espiritual del agua.

Mons. Fernández expresó que «dado que la advocación de la Virgen de Lourdes está muy asociada al manantial de agua que la Señora regaló a Santa Bernardita, es oportuno recordar el rico significado que tiene el agua en las Sagradas Escrituras”.

Seguidamente, recordó que “en el libro del profeta Ezequiel el Señor prometió un agua pura, que purificaría y renovaría los corazones. Allí mismo, se habla del manantial que brota del templo y que llena todo de vida a su alrededor. El profeta Isaías presenta al Señor como un manantial para su pueblo que no se agota, y en los Salmos el corazón humano aparece como un ciervo sediento en busca del agua”.

En el libro del profeta Oseas Dios promete: ‘Yo seré como un rocío para Israel’”, rememoró el Arzobispo, quien indicó asimismo que “la tradición judía se concentraba en este signo del agua en la fiesta de las chozas, donde se recordaba cómo el desierto árido se cubría de vida cuando llegaba el agua”.

“Por todo esto adquiere un precioso sentido que Jesús, en diálogo con la samaritana, le dijera: ‘Si conocieras el don de Dios… tú me pedirías a mí y yo te daría agua viva’. Él mismo se ofreció como manantial vivo gritando: ‘El que tiene sed venga a mí y beba’”, comentó Mons. Fernández.

En tanto, el Arzobispo indicó que “en esta fiesta La Virgen feliz nos ofrece un encuentro con ese Manantial que es Cristo. Por eso la Virgen de Lourdes nos invita a la conversión, que es ante todo el encuentro con Cristo para dejarse renovar por él. En él se sacia nuestra sed más profunda”.

“Por eso este día no está referido sólo a la salud de los enfermos, que se sanan en el manantial de Lourdes, sino al regreso a la verdadera fuente, que es Cristo vivo, para sanar las heridas más profundas de nuestro ser y recibir nueva vida. Al mismo tiempo, esta fiesta nos llama a ser instrumentos del Señor para que su agua restauradora y vivificadora pueda llegar a los hermanos que más la necesitan», finalizó Mons. Fernández.

 

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